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	<title>Belleza, cosméticos, moda, tendencias, trucos de belleza, pareja, sexo, embarazo, marcas. &#124; MujerGlobal &#187; miedo</title>
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	<description>Blog para la mujer de belleza, cosméticos, moda, tendencias, trucos de belleza, pareja, sexo, embarazo y marcas</description>
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		<title>Descubren una técnica para saber si el bebé llora por miedo, enfado o ira</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Nov 2008 11:50:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A través del llanto se sabe si el niño tiene problemas psicológicos. La risa es una forma de comunicarse con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-4743" title="tecnica_bebe_llora" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/11/tecnica_bebe_llora.jpg" alt="" width="350" height="278" /></p>
<blockquote>
<ul>
<li>A través del llanto se sabe si el niño tiene problemas psicológicos.</li>
<li>La risa es una forma de comunicarse con sus padres.</li>
</ul>
</blockquote>
<h3><strong>¿Por qué lloran los bebés?</strong></h3>
<p>Parece que esta enigmática pregunta ha encontrado respuesta. Un grupo de expertos de las universidades de Murcia, Valencia y la Uned ha analizado la expresión facial y vocal de los bebés al llorar para encontrar un patrón común del llanto.</p>
<p>Han determinado que las tres causas por las que los niños lloran son por miedo, enfado y dolor. Los expertos también han detectado que los bebés utilizan la risa como una forma de comunicarse con sus padres o educadores.</p>
<p>Además, el estudio refleja que la intensidad de los lloros está directamente relacionada con la apertura de la boca y con la actividad de la zona ocular.</p>
<p>por otro lado, los estudiosos aseguran que el llanto de los niños <em><strong>&#8220;suministra una valiosa información no sólo sobre su estado emocional, sino, también, sobre su estado neurológico y médico&#8221;</strong></em>.</p>
<h3><strong>La ira y el miedo, poco diferenciados</strong></h3>
<p>Asimismo, señalan que <em><strong>&#8220;las dos emociones negativas más intensas, el miedo y la ira, aparecen en los primeros meses de vida de forma poco diferenciada, ya que su respuesta común es el llanto&#8221;</strong></em>.</p>
<p>Los resultados de esta investigación han sido probados durante una demostración práctica realizada en la guardería del Instituto del <em><strong>Bebé Nuk</strong></em>, entidad participante en el estudio.</p>
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		<title>Como combatir las crisis de ansiedad o ataques de pánico</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Nov 2008 17:18:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
				<category><![CDATA[Salud]]></category>
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		<description><![CDATA[Hacer análisis médicos para descartar enfermedades de carácter orgánico (en particular trastornos endocrinos, circulatorios, dificultes de tensión arterial, etc.) Una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-4673" title="combatir_ansiedad" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/11/combatir_ansiedad.jpg" alt="" width="337" height="345" /></p>
<p>Hacer análisis médicos para descartar enfermedades de carácter orgánico (en particular trastornos endocrinos, circulatorios, dificultes de tensión arterial, etc.)</p>
<p>Una vez establecida la causa psicológica hacer una reflexión acerca de cómo estamos viviendo, en qué puntos nos estamos &#8216;pasando de la raya&#8217; y qué medidas de salud podríamos tomar (descanso, alimentación, ejercicio, diversión, cambio de actitudes).</p>
<p>Llevar vida normal (llevar vida de enfermo incurable no nos hace sentir precisamente normales). La causa de la ansiedad no es externa sino interna, así que el mundo no tiene la culpa y sería inútil tomar medidas de precaución porque el miedo puede perfectamente cambiar de &#8216;tema&#8217; una vez que cedemos en evitar determinada circunstancia.</p>
<p>Evitar todo tipo de anticipación o pensamiento sobre la ansiedad: esta es la causa más importante del mantenimiento y crecimiento de la ansiedad. Una especulación es cizaña que sembramos y provoca mayor inseguridad. Lo correcto es &#8216;vivir sin pensar&#8217; hasta que llegue el momento X, en el cual nos limitamos ha hacer lo que sigue a continuación.</p>
<p>Tener preparado un guión para decirnos es ese momento (este guión se ha podido preparar previamente con un psicólogo, y contiene fundamentalmente la idea de lo que nos pasa en que tenemos mucho miedo, pero el miedo no nos hará morir, y simplemente es algo que &#8216;bajará&#8217; en la medida de que actuemos con normalidad. No me muero, es sólo miedo.</p>
<p>Respirar hondo. Si notamos cosquilleos en las puntas de las manos o en los pies significa que estamos ventilando o oxigenando más de la cuenta y que lo que interesa en &#8216;parar&#8217;, por lo que aguantaremos el aire contando tranquilamente uno, dos, tres, cuatro, y expulsaremos el aire suavemente, y repetimos la operación hasta notar que de esta forma introducimos menos exógeno, desaparece el síntoma del cosquilleo y nos resulta más cómoda la respiración.</p>
<p>Mirar algo y centrar la visión en el mundo externo (veo un cuadro, una matrícula de coche que comienza por&#8230; ) Este ver-afuera nos ayudada a saber si vemos bien y a recuperar la agradable sensación de equilibrio. También conviene oir-fuera (que sonidos escucho, que canción suena, cómo oigo mi propia voz) y tocar alguna cosa como mi ropa, un mueble, un objeto cualquiera, para dirigir los canales sensoriales hacia el exterior. Todas estas medidas conducen a comprobar si nos estamos desmayando o mareando o si estamos &#8216;funcionales&#8217;. Cuanto antes comprobemos nuestro estado y salgamos de la inmovilidad, antes podemos cercionarnos de que nuestro estado es mejor de lo que parece.</p>
<p><span id="more-4672"></span></p>
<p>Continuar haciendo lo que estamos haciendo (si estábamos haciendo algo) o inventarnos una tarea. Es muy probable que la situación de pánico se de encerrados en una coche, en un aula o despacho, esperando en la cola del banco o para pagar en el supermercado (preferiblemente con personas detrás y delante impidiéndonos la huida). Entonces hacer algo puede ser hablar, curiosear, pensar lo que comimos la semana pasada, escribir algo, escuchar o tararear música, o cualquier cosa que tenga la suficiente garra para distraernos).</p>
<p>Esperar los minutos necesarios para relajarnos (pensar que cuando uno se altera tarda un ratito en serenarse, es importante no confundir esto con que &#8216;fracasamos&#8217; en el control, así que no hay que tomarse como algo &#8216;raro&#8217; el que tardemos nuestros cinco o diez minutos en lograr tranquilizarnos.<br />
No enfadarse (pensamientos como &#8220;!otra vez!&#8221;, &#8220;¿qué hecho yo para merecer eso?&#8221;, &#8220;¡esto es espantoso!&#8221; &#8220;!soy débil!&#8221; y similares aportan tanto nivel de adrenalina a la corriente sanguínea como la ansiedad. Además esta ira contribuye notablemente a que la próxima vez parezca más infernal.</p>
<p>También está totalmente contraindicado deprimirse como si a uno le estuviera sucediendo alguna gran desgracia o tuviera la peor suerte del mundo. Esto solo hacer que agrandar al &#8216;enemigo&#8217; haciendo que la ansiedad parezca más tirana, abusiva e todopoderosa que nunca. En vez de deprimirse es más útil animarse todo lo que uno pueda haciendo cosas que compensen el mal sabor de boca dejado por el momento de pánico (actividades lúdicas o que nos den paz, goce y nos reconcilien con la vida como la buena música, la buena lectura, la buena conversación o el goce estético de las cosas). Uno puede hacerse algún tipo de &#8216;regalito&#8217; como un remedio curativo muy eficaz para &#8216;minimizar&#8217; la fuerza del miedo. Hay que recordar que tomarse las cosas con humor es un buen método para solucionar todo tipo de problemas de salud y de la vida en general. (Algunas personas en fase de superación suelen hablar con su miedo diciéndole &#8220;así que ya has venido a molestarme un poco ¿no?, pues has de saber que ya no me impresionas porque sé que mucho ruido pero sólo eres un poco de ansiedad fisiológica inocente, así que ahora ¿qué cosa agradable podríamos hacer? ¿tal vez hablar con esa persona encantadora que tanto nos gusta? ¿tal vez nos podemos ocupar en algo útil e interesante que nos permita cambiar de tema? &#8230;&#8221;).</p>
<p>Dejarse ayudar por un profesional. Es una lástima que muchas personas tengan alergia a dejarse ayudar por un psicólogo como si su valía personal quedara en entredicho, porque de igual modo que nos dejamos orientar por un asesor fiscal, un inversor financiero, o el maître de un restaurante, es más síntoma de inteligencia y sensatez que de otra cosa contar con el asesoramiento de un psicoterapeuta especialista en trastornos de ansiedad. Todos los puntos anteriores y otros más quedan mucho mejor aclarados y sobre todo, puestos en práctica, con el apoyo del psicólogo, de forma que nos aseguremos del éxito en el control de un miedo que ya se ha apoderado de nosotros. Ya sé que estamos en la era del bricolaje, hágaselo usted mismo y de la auto-ayuda y que ésta misma información la ha encontrado usted en internet, pero tampoco que hay exagerar tanto que pongamos en peligro nuestra propia salud y calidad de vida sólo por evitar el contacto del profesional. Si tiene ataques de pánico y/o agorafobia, dedique tiempo y medios necesarios para su solución correcta y completa</p>
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		<title>Crisis de ansiedad: El pánico se alimenta de pánico</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2008 09:41:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las crisis de ansiedad no suponen un peligro para la vida de las personas, pero el miedo a volver a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3891" title="crisis_de_ansiedad" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/10/crisis_de_ansiedad.jpg" alt="" width="300" height="295" /></p>
<p>Las crisis de ansiedad no suponen un peligro para la vida de las personas, pero el miedo a volver a padecerlas puede desencadenar nuevos ataques.</p>
<p>El miedo a sufrir angustia genera angustia. Éste es el principal problema de los ataques de ansiedad o crisis de pánico. Afectan con más frecuencia a mujeres y, en general, surgen en la adolescencia o en la primera edad adulta, aunque también es posible que se den más adelante y sin antecedentes previos. Siempre que se vive uno de estos episodios, la ansiedad aumenta hasta el punto de desencadenar síntomas físicos que se asemejan a los de un infarto, aunque no suponen un peligro para la vida de las personas. Las reacciones son tan molestas que el miedo a volver a padecerlos puede ser el desencadenante de nuevas crisis.</p>
<p>En estos momentos las crisis de pánico afectan al 1,5 &#8211; 3,5% de la población. Algunos de los factores que predisponen a padecer alguna crisis pueden ser periodos prolongados de estrés o haber sufrido episodios traumáticos. A pesar de que se han detectado componentes hereditarios, y aunque pesen los antecedentes familiares, también es posible que una persona con estos antecedentes nunca sufra estos ataques.</p>
<h3><strong>Síntomas físicos asociados</strong></h3>
<p>Quien sufre una crisis de pánico percibe una sensación de pérdida de control y de que su vida corre peligro, que se plasma en reacciones físicas. Las más comunes son dificultad para respirar, temblores, dolor o presión en el pecho, palpitaciones, taquicardia, sudoración, mareo, hormigueo en extremidades, náuseas, calambres, entumecimiento o escalofríos.</p>
<h3><strong>Causas de una crisis</strong></h3>
<p>No se puede mencionar una sola causa que explique por qué aparece una crisis de pánico, aunque sí se ha demostrado que las personas con un carácter propenso a la ansiedad y a la tensión son más susceptibles de sufrir este cuadro. Estas crisis no dejan de ser reacciones normales del organismo ante la ansiedad, aunque con una intensidad por encima de lo normal.</p>
<p>De hecho, quienes han sufrido alguna crisis no identifican con facilidad la causa. Son personas capaces de seguir su vida cotidiana de forma normal, con un nivel de estrés elevado pero latente, sin que se tenga conciencia de que el organismo se encuentra cerca de desarrollar los síntomas. Por este motivo las crisis pueden aparecer en situaciones cotidianas y tranquilas en apariencia en las que el estrés no ha aumentado de forma brusca, pero sí lo suficiente para que el organismo reaccione.</p>
<p>Las crisis de pánico guardan relación con la sensación de miedo: un individuo con una personalidad ansiosa que anticipe situaciones desagradables mantendrá la sensación de miedo. Aunque irracionales, estos miedos mantienen a la persona en alerta constante. Y si, además, se tiene un carácter obsesivo, las posibilidades de sufrir alguna crisis de angustia son mayores. Los pensamientos obsesivos suelen acabar distorsionándose de tal forma que pueden llegar a generar dos tipos de miedo: el miedo a perder el control y el miedo a morir. Ambos son tan intensos que pueden desembocar con facilidad en una crisis.</p>
<p>Los síntomas físicos de una crisis de angustia son tan molestos que el simple hecho de anticiparlos puede causar la misma crisis. Una atención excesiva a este tipo de reacciones corporales puede generar un temor irracional a sufrir otro ataque que activará el sistema nervioso y provocará un aumento de la tensión muscular, del ritmo respiratorio y del cardíaco. El oxígeno llegará de forma irregular al organismo, lo que puede traducirse en desorientación y mareo, y se desencadenará la crisis de pánico que, aunque de forma involuntaria, será autoinducida.</p>
<p>Las personas que anticipan la aparición de nuevos episodios corren el riesgo de evitar de manera patológica exponerse a situaciones ansiosas o lugares donde se sufrieron crisis anteriores, hasta el punto de que pueden padecer agorafobia, acepción que define a una persona que no es capaz de salir de casa para evitar exponerse a una nueva crisis.</p>
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		<title>Hipocondría</title>
		<link>http://www.mujerglobal.com/salud/hipocondria/</link>
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		<pubDate>Sun, 21 Sep 2008 14:45:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pese a ser reconocida como enfermedad en la Grecia clásica, los responsables sanitarios no se han tomado en serio la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3042" title="hipocondria_1" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/09/hipocondria_1.jpg" alt="" width="400" height="300" /></p>
<blockquote><p>Pese a ser reconocida como enfermedad en la Grecia clásica, los responsables sanitarios no se han tomado en serio la hipocondría hasta hace veinte años.</p></blockquote>
<p>La hipocondría o el llamado <strong><em>síndrome del &#8216;mal oscuro&#8217;</em></strong> se comporta como una planta. Cuando se habla de la enfermedad que cree padecer una persona, es como si se regara la planta con un fertilizante especial que la hace crecer más y más, por lo que conviene establecer un pacto de silencio y limitar así su crecimiento.</p>
<p>Considerada hasta fechas recientes por la psicología como una alteración secundaria y rechazada por médicos hastiados de interminables consultas y quejas de irresolubles -por inexistentes- enfermedades físicas, la hipocondría ha empezado a recibir la necesaria atención sólo en los últimos 20 años. Y eso que ya los sabios de la Grecia clásica, con Hipócrates a la cabeza, describieron, hace más de 2.000 años, esta enfermedad, que consideraban orgánica.</p>
<p>Si bien adquirió notoriedad en el siglo XVII gracias a una de las grandes obras de Molière, <strong><em>&#8216;El Enfermo Imaginario&#8217;</em></strong>, no fue hasta el siglo XIX cuando la medicina europea le prestó algo de atención aunque, para desgracia de los afectados, con exiguos resultados.</p>
<p>En la actualidad, la hipocondría se define como un trastorno mental caracterizado por el miedo a tener o por la convicción de padecer una grave enfermedad orgánica, a pesar de que las exploraciones médicas la hayan descartado. Desde el punto de vista clínico, se diagnostica cuando su duración es superior a los seis meses, causa malestar significativo (en forma de angustia y depresión), interfiere en la normal satisfacción de las necesidades sociales y laborales del enfermo, y no se puede explicar por otras patologías como el delirio, la ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo o la depresión mayor.</p>
<h3><strong>La enfermedad de cerca</strong></h3>
<p>En general, los sujetos que padecen este trastorno han vivido de cerca la enfermedad durante su infancia, ya sea en carne propia o en la de alguna persona muy cercana (abuelos, hermana o amigo muy querido). Es habitual encontrar a familiares directos que han sido hipocondríacos y han actuado como modelos de quejas o de sobrepreocupación por cualquier menudencia como un simple resfriado, o que han muerto de forma súbita. Estas experiencias les llevan a sentirse muy vulnerables, a tener conciencia de que, en cualquier momento, pueden morir o sufrir una enfermedad terminal, y empiezan a estar alerta ante cualquier señal en su cuerpo que les indique que esto está a punto de suceder.</p>
<h3><strong>Pensamientos negativos</strong></h3>
<p>Aquí empieza el problema: la sobrepreocupación por llegar a padecer una enfermedad mortal les lleva a desarrollar una atención constante ante cualquier cambio fisiológico significativo, en especial a los relacionados con su experiencia: si el abuelo murió de una crisis cardiaca, estarán muy atentos a los cambios que se producen en su propio corazón. Dado que están muy activados y muy atentos, es de esperar que los constantes cambios que se producen en el organismo, en su continua adaptación al entorno, no sólo sean percibidos, sino que sean amplificados gracias a la atención selectiva que les presta.</p>
<p><span id="more-3041"></span></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3043" title="hipocondria_2" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/09/hipocondria_2.jpg" alt="" width="400" height="294" /></p>
<h3><strong>Emocionalmente activos</strong></h3>
<p>Ante el pensamiento de que ha contraído una enfermedad grave es inevitable que en la persona se genere una activación del sistema nervioso que producirá muchos y muy intensos cambios (aunque normales) en su fisiología: aumento de la tasa cardiaca, del tono muscular o dilatación pupilar. En los hipocondríacos, tan atentos a los pequeños cambios, estos cambios les llevan a confirmar -sin ningún género de dudas- que están enfermos.</p>
<h3><strong>Respuesta Motora o Conductual</strong></h3>
<p>Si la visita al médico suele ser la primera de las acciones que uno emprende cuando está convencido de que algo en su organismo no funciona bien (después de haber preocupado a familiares y amigos), su propia valoración de que está sano sólo tranquiliza a los hipocondríacos durante un momento, que concluye cuando vuelven a sentir unas sensaciones corporales que &#8216;no son normales&#8217;.</p>
<p>Ello les lleva a inferir que el médico no ha hecho bien su trabajo, por lo que buscan a otro &#8220;que sepa más&#8221;. Si éste le deriva al psiquiatra o al psicólogo, lo más probable es que recurran a la medicina alternativa o, si forma parte de su cultura, acudan a curanderos de toda índole. Mientras tanto, se sumergen en libros o en Internet para saber más y así poder autoevaluarse, descubriendo mil variantes más de la enfermedad que amplían hasta el infinito las posibilidades de su angustia.</p>
<p>Que todos hayamos actuado de esta forma en alguna ocasión no quiere decir que suframos de hipocondría. Lo que de verdad nos diferencia es la actitud ante la enfermedad y la muerte. El paciente hipocondríaco confía más en sus intuiciones que en el saber y la experiencia del médico, no puede dejar de chequearse una y otra vez, e intenta ejercer un posesivo e inútil control sobre su propia vida, de forma tal que no puede evitar extraer de manera constante dramáticas conclusiones sobre lo que le espera.</p>
<p>No es de extrañar que, después de un prolongado estado de estrés mantenido por el miedo que ha ido construyendo, de que los que le cuidaban ya estén hartos de las quejas, de que se pase el día pensando en enfermedades y personas que murieron por causa de ellas, y de la reducción de actividades gratificantes que evita a toda costa, acabe desarrollando una profunda depresión. </p>
<h3><strong>¿Cómo ayudar a un Hipocondríaco?</strong></h3>
<p>El punto de partida es la aceptación del trastorno y el tratamiento con una atención especializada. A continuación es necesario que visite a un médico de su confianza, que le remitirá a un especialista en salud mental (psicólogo o psiquiatra). En los casos en que se hace difícil apartarle del convencimiento de que padece una enfermedad orgánica que no saben diagnosticar y de que rechaza sufrir un trastorno psicológico, conviene que llegue a aceptar que su actitud ante la enfermedad no sólo no le ayuda a superarla, sino que va &#8216;contagiando&#8217; de malestar el resto de su vida: su estado de ánimo, sus relaciones sociales, el desempeño laboral y su tiempo de ocio, y que algo diferente debe de hacer, para que algo diferente ocurra. Para conseguirlo, puede acudir a un especialista psicólogo &#8216;sólo&#8217; para que &#8216;le ayude a sobrellevarlo&#8217;, sin entrar a cuestionarle sus convicciones hipocondríacas.</p>
<h3><strong>Cómo deben actuar la familia y los amigos del hipocondríaco</strong></h3>
<ul>
<li>Convencer al resto de familiares y amigos de que dejen de reforzar con su atención las continuas quejas y demandas de opinión.</li>
<li>Explicarle que su preocupación es como una planta; cuando habla de su enfermedad es como si la hiciera crecer más y más, por lo que conviene establecer un pacto para eliminar este asunto de las conversaciones diarias.</li>
<li>Animarle a que se implique en sus actividades habituales de ocio y en aquéllas que le ayuden a mejorar su control de la activación (sea meditación o tai-chí). Es necesario ayudarle a valorar con posterioridad si éstas hacen que se sienta mejor o peor en términos generales para facilitar su continuidad.</li>
</ul>
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		<title>El miedo puede ser una vacuna contra el propio miedo</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Sep 2008 15:23:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El miedo es una emoción natural del ser humano que tiene dos caras. Una buena porque prepara al organismo para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-2962" title="miedo_1" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/09/miedo_1.jpg" alt="" width="400" height="295" /></p>
<p>El miedo es una emoción natural del ser humano que tiene dos caras. Una buena porque prepara al organismo para escapar o afrontar un peligro. Y una mala cuando esta emoción se mantiene de forma continuada. Este es el caso de las enfermedades relacionadas con el temor, como la angustia o las fobias. La buena noticia para las personas que sufren estas patologías es que existen buenos tratamientos farmacológicos y de psicoterapia para superarlas. Es más, pasar cierto miedo puede ser una vacuna terapéutica frente al propio miedo, explica Óscar Vilarroya, doctor en Ciencia Cognitiva y director de la Cátedra del Cerebro Social de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Esta Cátedra ha organizado el taller &#8216;Las dos caras del miedo&#8217; en el Festival de Cine Internacional de Cataluña, en Sitges (Barcelona).</p>
<h3><strong>¿Por qué tenemos miedo?</strong></h3>
<p>El miedo es una emoción que compartimos con muchos animales, sobre todo con los mamíferos. Apareció, dentro de la historia evolutiva, en antepasados nuestros lejanos. Tiene el valor de la supervivencia, de reaccionar de forma adecuada ante el peligro. Esta emoción detiene todos los procesos innecesarios del organismo, como el de la digestión, la reproducción y las defensas. Y pone en marcha todos los procesos necesarios para huir o luchar frente al peligro.</p>
<h3><strong>¿Cuáles son esos procesos necesarios para afrontar el peligro?</strong></h3>
<p>El miedo aumenta el riego sanguíneo en los músculos y la frecuencia cardiaca; abre los bronquios para que haya más capacidad pulmonar; aumenta el nivel de glucosa, que está acumulada en diversos depósitos del organismo y la dispone en la sangre para aportar a los músculos la energía necesaria para reaccionar; segrega endorfinas (opiáceos internos), para que no suframos dolor y podamos huir del dolor físico, o no sentirlo. El miedo despierta todos estos procesos que nos permiten sobrevivir en situaciones de peligro. Nosotros los hemos heredado de nuestros antepasados que tenían miedo. Los que no lo tenían desaparecieron y no hemos heredado nada de ellos.</p>
<h3><strong>¿Qué tiene de bueno y de malo esta herencia?</strong></h3>
<blockquote><p>«Hay una predisposición genética a sufrir miedo patológico, aunque también influyen factores externos»</p></blockquote>
<p>Tiene de bueno que en una situación moderna de peligro nos permite huir de forma adecuada. Pero tiene de malo que es un mecanismo para actuar de forma muy rápida, muy poco fino, y que puede ser negativo si se dispara demasiado. Siempre existe un nivel óptimo de respuesta para que no haya bloqueos y el sistema no quede paralizado o no se pase de largo, lo que puede provocar situaciones muy estresantes e, incluso, la muerte. Hay una muerte documentada científicamente, la muerte del Vudú. Es la de la persona que sabe que le han hecho Vudú y que sufre tantas horas y tantos días que acaba sucumbiendo y muere por estrés continuado. El exceso continuado de miedo puede conducir a la angustia, el ataque de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo y las fobias, que son las llamadas enfermedades del miedo.</p>
<p><span id="more-2961"></span></p>
<h3><strong>¿Estos mecanismos son los mismos en el caso del miedo de &#8216;sustos&#8217; que del miedo continuado?</strong></h3>
<p>El miedo puede ser debido efectivamente a un susto. Pero también puede presentarse en períodos cortos o de forma sostenida a lo largo del tiempo. Cuando el miedo es continuo se activa el mismo mecanismo que cuando es por periodos cortos. Se mantiene porque el cuerpo siente la amenaza del peligro; la frecuencia cardiaca es alta y la presión arterial es alta. Cuando la sensación de amenaza es continuada, el organismo lo paga. El miedo está para evitar situaciones nocivas, pero mantenido resulta patológico por naturaleza. Las fobias también lo son, pero no se deben a un miedo mantenido, sino localizado, que se asocia a estímulos concretos frente a los cuales se tiene una respuesta exagerada.</p>
<h3><strong>¿Hay diferencias entre hombres y mujeres en la forma de experimentar el miedo?</strong></h3>
<p>Las diferencias entre hombres y mujeres no se manifiestan en situaciones normales. Pero sí que hay diferencias en la frecuencia de los miedos patológicos. Las mujeres sufren más de ansiedad, mientras que los hombres padecen más de trastorno obsesivo compulsivo. Pero los innatos son similares en ambos. Me refiero a miedos a fenómenos clásicos como la oscuridad, las alturas y los sociales como el miedo al rechazo en el entorno social o a la incertidumbre.</p>
<h3><strong>¿Actualmente existen buenos tratamientos para superar los miedos patológicos?</strong></h3>
<p>Sí, dentro de las patologías psiquiátricas, estas enfermedades tienen buenos tratamientos farmacológicos y de psicoterapia. Han mejorado mucho en los últimos 30 años.</p>
<h3><strong>¿Tiene que existir un detonante que dispare el miedo patológico o hay personas más proclives a tenerlos por una base genética?</strong></h3>
<p>Sí, hay una predisposición genética, pero también tienen que darse los estímulos adecuados para generar miedo. La persona con esta predisposición, si vive en un convento de monjes budistas, probablemente no lo desarrollará, pero en una sociedad abierta, donde hay muchos estímulos, es probable que lo desarrolle más fácilmente. Aunque depende de cada persona, los estímulos pueden despertar angustia, ataques de pánico y fobias concretas.</p>
<h3><strong>Esta pregunta tiene que ver con el taller de miedo que ustedes han celebrado en Sitges, con motivo del Festival de Cine. ¿Es bueno pasar miedo y ver películas de miedo?</strong></h3>
<p>Nosotros somos seres que aprendemos a gestionar las cosas de la vida. Tenemos un aprendizaje de las relaciones sociales y de las tareas. Del mismo modo, gestionamos las emociones y realizamos un aprendizaje de forma inconsciente desde pequeños. Aprender a gestionar los miedos es parecido. Es como dos lobeznos que juegan simulando una pelea que luego puede darse en una situación real. Ir a ver películas de miedo nos ayuda a aprender a gestionarlos en un entorno controlado, entretenido, donde lo pasamos bien, aprendemos a gestionarlos, sentirlos e identificarlos.</p>
<h3><strong>Entonces, ¿pasar miedo puede ser una vacuna contra el propio miedo?</strong></h3>
<p>Sí, puede ser una vacuna. De hecho, el tratamiento de psicoterapia cognitivo-conductual de las fobias consiste en hacer una inmersión en el estímulo que provoca el miedo hasta que éste desaparece.</p>
<h3><strong>Miedo a la tecnología</strong></h3>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-2963" title="miedo_2" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/09/miedo_2.jpg" alt="" width="400" height="267" /></p>
<p>La sociedad moderna nos ha provisto de nuevos estímulos y situaciones con potencial para despertar nuestros miedos más ancestrales. El temor al depredador se ha transformado en el miedo a hablar en público, a hacer el ridículo, a ser rechazado o a no cumplir las expectativas sociales. Estos son algunos de los más típicos que salen a relucir en encuestas que se realizan en sociedades occidentales bien estructuradas, recuerda Óscar Vilarroya. Pero no todo acaba ahí.</p>
<p>A los miedos sociales hay que sumar los relacionados con las nuevas tecnologías por dos motivos: falta de capacidad de control -o incertidumbre- y desconocimiento. «Si no se controla la tecnología, ésta nos controla a nosotros», afirma el experto. Ese descontrol conduce a la ansiedad. El desconocimiento y la sensación de incapacidad para utilizarla también la producen. «Esta incapacidad genera angustia por la incapacidad de adaptarnos a los nuevos tiempos», explica Vilarroya.</p>
<p>Actualmente, la Cátedra del Cerebro Social de la UAB trabaja, conjuntamente con Antonio Bulbena, catedrático de Psiquiatría de la misma Universidad Autónoma y director del Instituto de Atención Psiquiátrica del Hospital del Mar, de Barcelona, para identificar los procesos cerebrales que se esconden bajo esta patología y analiza si, dentro de la esquizofrenia, hay un subtipo más asociado a los trastornos de ansiedad mediante máquinas de resonancia magnética (RM) funcional.</p>
<p>Las partes del cerebro que se activan -fundamentalmente la amígdala, que corresponde a la parte más primitiva del cerebro- son las mismas en sujetos que tienen miedo sanamente y los que lo sufren de forma patológica pero varían en intensidad, reactividad y se disparan antes en las personas con miedo obsesivo.</p>
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		<title>Desarrollo del bebé: Seis meses</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 07:41:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En este mes el interés de tu bebé se empieza a trasladar de las personas a los objetos. Aunque todavía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1725" title="desarrollo_bebe_seis_meses_1" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/08/desarrollo_bebe_seis_meses_1.jpg" alt="" width="400" height="300" /></p>
<p>En este mes el interés de tu bebé se empieza a trasladar de las personas a los objetos. Aunque todavía vas a compartir muchos momentos de juego cara a cara con él, tu bebé centrará su atención, cada vez más, en los objetos que le rodean.</p>
<p>Su capacidad para comprender el significado de las palabras va mejorando significativamente y escuchará atentamente lo que le digas. Y es que el desarrollo del habla es posterior al de comprensión del lenguaje, por lo que será capaz de entender lo que le estás diciendo mucho antes de poder él mismo expresarse. Sin embargo, podrás averiguar mucho de lo que piensa o quiere por medio de sus movimientos y sus gestos.</p>
<p>A esta edad el bebé es más fuerte y activo. Es capaz ya de mantenerse sentado sin apoyo, e incluso es posible que ya intente ponerse en pie. En esta etapa comprobarás cómo tu bebé trabaja duramente para depurar sus movimientos. Ahora no sólo es capaz de agarrar objetos, sino que es capaz de mantenerlos en la mano y, lo que es más importante, es capaz de coordinar ambas extremidades simultáneamente y mantener un objeto en cada mano. Esto es un triunfo y abre las puertas a una nueva y excitante experiencia: la de chocar objetos entre sí.</p>
<h3><strong>Sueño: los temores</strong></h3>
<p>En esta nueva etapa el bebé es capaz de mantenerse despierto aunque tenga sueño. Las nuevas y excitantes experiencias que ha vivido durante el día a veces le impiden conciliar el sueño. Por otro lado el temor a la separación se acentúa a la hora de dormir. Los padres nunca deben coger al bebé de la cuna y llevarlo a dormir a su cama. Lo que se debe hacer:</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1726" title="desarrollo_bebe_seis_meses_2" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/08/desarrollo_bebe_seis_meses_2.jpg" alt="" width="400" height="314" /></p>
<ul>
<li>La última hora antes de dormir debe ser tranquila y sin demasiada excitación.</li>
<li>No se debe alterar el horario de sueño, ni en vacaciones.</li>
<li>Es básico establecer una serie de rituales a la hora de acostarle: la cena, el baño, el pijama, unas caricias, un cuento y, finalmente apagar la luz.</li>
<li>Se debe acostumbrar a dormirse en su cuna, para lo que hay que acostarlo cuando este despierto y dejar que se duerma solo.</li>
<li>Es necesario, por lo tanto, transmitirle toda la tranquilidad y seguridad posibles.</li>
<li>Encuéntrale algún objeto, ya sea una manta o un muñeco, con el que crear un vínculo emocional y al que pueda recurrir para tranquilizarse.</li>
<li>Debes permitir que recurra a su propio método para conciliar el sueño, pues esto le dará seguridad y autoestima. Aunque tú estás ahí para ayudarle a conseguir sus objetivos, cada niño descubre su propio método para dormirse, ya sea chupándose el dedo o haciendo cualquier otro movimiento.</li>
<li>No dejes de ir a verlo si llora. Consuélalo pero sin sacarlo de la cuna porque esperará que lo hagas siempre. Mientras el bebé entienda que al despertar por la noche va a recibir algún mimo o entretenimiento, no dudará en llamar la atención de sus padres.</li>
</ul>
<p><span id="more-1724"></span></p>
<h3><strong>Comunicación: el entorno</strong></h3>
<p>A esta edad los bebes, aún con una movilidad limitada, ya son muy capaces de interactuar con su entorno. Acaban de descubrir que tienen voz y que la pueden usar. Es todo un mundo nuevo. Aunque todavía no son sonidos bien articulados, por ejemplo gritos de contento cuando está contento, es un comienzo en el desarrollo de su nueva habilidad. Eso, unido a la gesticulación, les permite pedir cosas y expresar sentimientos. Los adultos o los niños más mayores deben hacer un esfuerzo para entender sus inquietudes y proporcionarles apoyo.</p>
<p>Realmente el bebé disfruta haciendo lo que nosotros llamaríamos &#8220;hablar solo&#8221;. El bebé no habla solo, le habla a sus juguetes, le habla a la imagen que ve reflejada en un espejo, que tan atentamente le escucha o simplemente se deleita escuchando su voz como si fuera simplemente música. A partir de ahora irá ejercitando la entonación de su voz. Está haciendo lo mismo que harías tú si intentaras simular un idioma que desconoces.</p>
<h3><strong>Cognitivo: el miedo al abandono</strong></h3>
<p>A esta edad pocos son los bebés que toleran la separación durante largos periodos de tiempo. Ahora el bebé ya entiende que su madre no forma parte de él y que puede ir y venir. Este es el momento en el que comienzan sus temores. Por añadidura, todavía no comprende el concepto de permanencia de las cosas, ya que si deja de ver un objeto, inmediatamente deja de existir para él.</p>
<p>Una solución, no siempre posible, para paliar este miedo al abandono es llevártelo contigo a todos los sitios. Otra opción es dejarlo con una persona que lo conozca bien y con quien tu bebé se sienta seguro. Una posibilidad que le encantará a tu bebé es llevarlo en una mochila, además de estar en contacto directo contigo le estás proporcionando una perspectiva de su entorno realmente fascinante. </p>
<p>Entre los seis y los nueve meses es la época de mayor dependencia hacia ti y de desconfianza hacia los extraños. Por eso es conveniente que se habitúe a la presencia de otros adultos. Cuantas más personas vea y conozca, mejor será para él y para ti. De esta forma, al pequeño le costará menos trabajo quedarse con otras personas, aunque es inevitable que llore cuando te vayas. </p>
<p>Cuando te vayas a ir, díselo. Despídete y dile que volverás a por él. Se quedará llorando pero se le pasará. No te vayas aprovechando que está entretenido con algo. Cuando se de cuenta de que no estás, sufrirá una ansiedad aún mayor y cuando vuelvas no te quitará ojo por miedo a que vuelvas a desaparecer.</p>
<h3><strong>Habilidades motrices: ejercitando las piernas</strong></h3>
<p>En esta etapa muchos bebés pueden mantenerse sentados sin apoyo aunque todavía no dominan su equilibrio. Sus intentos por ponerse de pie son un ejercicio de fortalecimiento de sus piernas y de preparación para gatear y caminar, es decir, los pasos más importantes en su desarrollo motor. Además, su habilidad manual se ha desarrollado bastante, ya que ahora es capaz de coger objetos a voluntad. Sabe llevárselos a la boca, pasárselos de mano a mano y golpear con ellos otras superficies para hacer ruido.</p>
<p>Ha llegado el momento en el que puedes meterlo contigo en la bañera. Ahora que es más fuerte y que su bañera se le ha quedado pequeña, esta opción será, no sólo divertida para tu bebé y para ti, sino que le va a permitir experimentar con el agua. Es preciso tener mucho cuidado al principio, porque un mal trago o un susto pueden hacer que le coja miedo. Debes darle seguridad, sintiéndote continuamente en contacto. De la misma forma es preferible que dejes el champú para más adelante, cuando se haya habituado al baño. Jugar en la bañera le proporcionará muy buenas oportunidades de aprendizaje, desde un mejor conocimiento de su cuerpo y sus posibilidades hasta comprobar que hay cosas que flotan y otras que no. Lo interesante del baño es la posibilidad de que el aprendizaje siga estando asociado a la diversión y al conocimiento de cosas nuevas.</p>
<p>Este es también un momento ideal para hacer sus primeras incursiones en la piscina. Pero no cualquier piscina es válida. Lo aconsejable es acudir a alguna preparada para la ocasión, con monitores de natación especializados, con una temperatura adecuada, etc.</p>
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		<title>Sexo y embarazo</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Aug 2008 10:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La sexualidad es una faceta delicada. Por tanto, no es extraño que la mujer, durante el embarazo y los primeros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1681" title="sexo_y_embarazo" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/08/sexo_y_embarazo.jpg" alt="" width="400" height="300" /></p>
<p>La sexualidad es una faceta delicada. Por tanto, no es extraño que la mujer, durante el embarazo y los primeros meses del postparto, no desee practicar el coito. Las razones son diversas: siente molestias, tiene miedo, percibe poca lubricación vaginal o se encuentra fatigada. Sin embargo, echa de menos otro tipo de relaciones sexuales, por ejemplo, la proximidad y el contacto con su pareja.</p>
<p>Puede suceder que tales deseos no coincidan con los del hombre, lo que acarrea conflictos que afectan a la relación, casi siempre por desconocer lo frecuente que es esto y no estar informados ni preparados de forma adecuada para afrontarlo.</p>
<p>Dicha situación puede facilitar la aparición de trastornos sexuales transitorios, tanto en la mujer como en el hombre, que si no son identificados en su origen ni tratados a tiempo, se hacen crónicos y persisten en el tiempo más allá de los primeros meses del postparto. Cuando se consulta con un sexólogo, la información, junto a una breve terapia, suelen ser suficientes para atajar estos problemas.</p>
<p>Si el embarazo transcurre con normalidad, sin hemorragias, amenaza de aborto o parto prematuro, no hay por qué evitar el coito.</p>
<p>Los trastornos sexuales más frecuentes en esa época suelen ser problemas de deseo sexual (disminución o incluso falta en uno o en ambos miembros de la pareja), anorgasmia o incapacidad para que la mujer alcance el orgasmo a pesar de estar suficientemente excitada. Sin embargo, se dan casos de mujeres que llegan más fácil al orgasmo durante el segundo trimestre del embarazo, dada la importante congestión pelviana propia de esta etapa. En cuanto al hombre, destacan la disfunción eréctil y la eyaculación precoz.</p>
<p><span id="more-1680"></span></p>
<p>Los factores que pronostican un posible trastorno sexual durante el embarazo o el postparto en la pareja son su propia historia sexual (frecuencia de actividad sexual, disfrute mutuo en los encuentros sexuales), el nivel de conformidad y satisfacción que cada uno tiene con su propia sexualidad, la salud sexual previa al embarazo, el nivel de comunicación que mantengan, la afectividad entre ambos y, sobre todo, su nivel de información sobre &#8216;la normalidad&#8217; de los cambios que se experimentan durante ese periodo.</p>
<p>Dentro de la diversidad y complejidad de cambios que sufre una pareja durante el embarazo, comentaremos sólo algunos que con frecuencia han sido reconocidos como generadores de trastornos sexuales.</p>
<p>El cuerpo de la mujer, durante un embarazo normal, sufre profundas modificaciones que van más allá del simple aumento del contorno abdominal. Estos cambios pueden aumentar cuando el embarazo presenta problemas. Poco a poco, y según avanza el crecimiento del vientre materno, las formas se van perdiendo y aparecen con frecuencia varices, hinchazón por retención de líquido (edemas) y estrías, que aunque son consideradas como alteraciones normales y pasajeras, desagradan y no son bien recibidas por alterar la imagen corporal erótica de la mujer, algo que es percibido tanto por la mujer embarazada como por su pareja. En tales circunstancias, la embarazada puede que no se sienta seductora y deseada, y su pareja puede que no sienta la misma motivación ante el menoscabo erótico del cuerpo femenino.</p>
<p>Algunas veces las parejas tienen miedo a dañar al feto durante el coito, se muestran cohibidas al notar los movimientos fetales o preocupadas por miedo a provocar un nacimiento prematuro. La desinformación, origen de muchos de estos problemas, es cada día menor. Se conoce, y así se transmite a la mujer embarazada, la importancia que durante el embarazo y postparto tiene el respetar y cuidar la sexualidad, como fuente de placer y medio para reforzar la unión y la comunicación de la pareja, en esta situación de especial inquietud. La sexualidad no es sólo genitalidad y mucho menos durante el embarazo y el postparto. Cuando una pareja desea compartir sentimientos de intimidad y amor lo puede hacer sin necesidad de una relación coital con penetración. El contacto mediante masajes, caricias y mimos puede ser una importante fuente de placer sensual y comunicación íntima tanto durante el embarazo como fuera de él.</p>
<p>Es saludable reanudar las relaciones sexuales lo antes posible, transcurrido el tiempo de recuperación física.</p>
<p>Si el embarazo discurre sin complicaciones y no hay hemorragias, amenaza de aborto o de parto prematuro, no hay por qué evitar la actividad coital. En esta época especialmente se debe tener en cuenta que el intercambio sexual va más allá de la penetración vaginal. Aunque no hay ningún inconveniente para mantener esta práctica. El bebé está muy cómodo y muy bien protegido en el saco amniótico. No obstante, por el bienestar de la madre, las posiciones recomendadas son aquellas en las que no se descargue el peso sobre el abdomen. Si se presentan complicaciones que aconsejen prohibir la penetración o el orgasmo, dadas las contracciones uterinas que provoca, se puede recurrir a caricias y otras variantes sexuales que, aunque no supongan orgasmo, resulten satisfactorias para la mujer. El mantenimiento de la capacidad erótica y orgásmica es importante para la mujer porque con la primera mejora su autoestima y la armonía conyugal, y la segunda le permite mantener la elasticidad y la flexibilidad de los músculo s pélvicos, tan necesarias para el parto.</p>
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		<title>Miedo al agua: mi primer baño</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jul 2008 08:50:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sonia Gil</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Llega el buen tiempo, y con él la época de los baños en playas y piscinas. Normalmente a los niños [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="alignnone size-full wp-image-982 aligncenter" title="miedo_al_agua" src="http://www.mujerglobal.com/wp-content/uploads/2008/07/miedo_al_agua.jpg" alt="" width="400" height="300" /></p>
<blockquote><p>Llega el buen tiempo, y con él la época de los baños en playas y piscinas. Normalmente a los niños les encanta el agua, pero hay algunos a los que les cuesta darse el primer chapuzón porque tienen un poco de miedo, sobre todo a principio de temporada.</p></blockquote>
<p>Lo más importante es que el niño pierda el miedo al agua y por tanto hay que establecer un clima de confianza, asegurarle que no le vais a engañar (y cumplirlo) y que iréis despacito. Con niños pequeños viene muy bien establecérselo como un juego en forma de reto: <em><strong>&#8220;¿Vale que llegamos a la piscina, tocamos el agua con la mano y nos volvemos?&#8221;</strong></em> El niño a lo mejor dice que no, y debéis respetarlo. <em><strong>&#8220;Vale, tú no toques el agua sólo acompáñame o mírame desde aquí&#8221;</strong></em>. El niño os mirará sorprendido. Vosotros dirigíos a la piscina muy despacio y de puntillas exagerando los movimientos. Cuando lleguéis dudad antes de tocar el agua con la mano. <em><strong>&#8220;¡Qué nervios!&#8221;</strong></em>, le podéis decir (en el fondo es lo que él está sintiendo). Metéis la mano y os escapáis corriendo hacia donde esté él, celebrando lo sucedido. El niño se partirá de risa y pronto querrá hacer como vosotros. Así, poco a poco, vais poniendo objetivos más complejos. Vosotros sois el modelo para el niño, y si ahora no quiere no pasa nada, más tarde o mañana se vuelve a intentar.</p>
<p>Obligarlos a algo que no quieren no hace más que aumentar su miedo. Imaginaos que os obligan a entrar en una habitación oscura y para ello os empujan por detrás. Vosotros frenaréis con los pies para intentar no entrar (que es lo que hacen muchos niños en el bordillo de la piscina para que no los metan en el agua). Cuanto más fuerte os empujen más resistencia pondréis, y si en un momento dado os dan un empujón fuerte y acabáis dentro de la habitación os habréis llevado un susto de muerte que ha durado un segundo y que no se os olvida, por más que comprobéis que una vez dentro no os ha pasado nada. Y lo peor de todo es que habréis perdido la confianza en el que os ha empujado. Si la situación se repite estaréis alerta, y tendréis el temor de que os vuelva a empujar. Eso, además del miedo que ya teníais, os creará un gran estado de ansiedad. ¿Compensa hacer esto a un niño para que aprenda a nadar? Yo creo que no.</p>
<p><span id="more-981"></span></p>
<p>Una solución muy habitual es apuntar a los niños a clases de natación para que pierdan el miedo y aprendan a nadar. Algunos han estado yendo a lo largo del curso, con lo cual para ellos no es nada nuevo, pero otros se enfrentarán este verano a su primer curso de natación.</p>
<p>¿Qué debemos hacer si el niño, una vez empezado el cursillo, dice que ya no quiere volver? Si sabéis que es una situación difícil para el niño deberíais poneros de acuerdo con el monitor en cómo se va a actuar. Con estos niños hay que ir más despacio, no es necesario engañarlos para meterlos en el agua y, mucho menos, lanzarlos a mitad de la piscina. Ellos solos lo acabarán consiguiendo si se cumple lo que acabamos de explicar anteriormente.</p>
<p>Por tanto, creo que el niño debe terminar su curso de natación aunque no se cumpla el objetivo final de aprender a nadar. Y así se le felicitará por lo que ha conseguido: <em><strong>&#8220;Juan este año ya ha aprendido a entrar en la piscina de los mayores con los manguitos y agarrado a su profesor. Ha sido difícil, pero fíjate lo que ha conseguido&#8221;</strong></em>, en vez de <em><strong>&#8220;hemos tenido que dejar la piscina porque Juan tenía mucho miedo&#8221;</strong></em> o <em><strong>&#8220;fíjate después de un verano en la piscina todavía no has aprendido a nadar, a ver el año que viene&#8221;</strong></em>. La primera opción transmite optimismo y premia el esfuerzo y afán de superación, pero la segunda sólo transmite fracaso.</p>
<p>No importa si es con vosotros o con un monitor de natación, el objetivo es que el niño disfrute del agua y además si aprende a nadar ¡perfecto! Normalmente, viene la una seguida de la otra.</p>
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