En primer lugar hay que ser consciente de que se está ante un episodio pasajero que puede no volver a presentarse nunca más. Pero si aparecen más crisis es importante acudir a un médico para que realice un diagnóstico adecuado y pueda aconsejar la ayuda de un psicólogo o psiquiatra.

Prevención:

  • Las personas propensas a sufrir ataques de ansiedad deben reducir la fuente de estrés. Para ello resulta muy útil consultar a un especialista que proporcione herramientas para gestionar la ansiedad.
  • Si se adquiere el control suficiente para disminuir las reacciones corporales a la ansiedad, se consigue ser dueño de uno mismo en todo momento. Con este propósito son efectivas aquellas disciplinas que ayudan a controlar la respiración y el pensamiento, como las técnicas de relajación (yoga o Tai Chi), o practicar algún deporte.
  • Otra técnica recomendable es aprender a aceptar los propios miedos, lo que supone empezar a tolerarlos y hacer que el organismo no reaccione con tanta intensidad ante estímulos que se asocien con ellos. Aprender a permanecer en el presente resulta un arma muy eficaz contra las crisis de pánico, ya que tanto la ansiedad como los miedos son producto de la anticipación de futuros eventos desagradables. Por este motivo, centrar la atención en el «aquí y ahora» ayuda a eliminar cualquier futuro pensamiento de preocupación.

Durante una crisis:

  • Es fundamental dejar que pase sin más, sin intentar luchar contra ella ni evitarla. La lucha no hace más que aumentar la tensión y provoca que se alargue. Por el contrario, si se acepta que se van a sentir algunos síntomas de ansiedad durante unos minutos, el organismo se relaja y el episodio dura mucho menos. Cuando se ha conseguido ni luchar ni evitar las crisis y se ha comprobado que así se disminuye la frecuencia e intensidad, la persona percibe que se controla y, al cabo de un tiempo, ni tan siquiera se producen nuevos episodios.
  • Para el control del sistema nervioso es importante que la respiración sea pausada y que el oxígeno llegue al diafragma. Recuperar la frecuencia respiratoria normal durante un episodio ansioso permitirá que los demás síntomas de la angustia desparezcan de forma paulatina y que se pueda parar la crisis antes de llegar a la intensidad máxima.
  • No hay que olvidar que en cuanto aparezcan los primeros síntomas es obligatorio distraer la mente en algo que aleje la atención de las señales físicas que se están experimentando. Contar de 1.000 hacia atrás, entretenerse en otros estímulos externos y escribirlos en una libreta o iniciar una conversación son ejercicios de distracción que mantienen la atención en algo diferente a uno mismo. Este es el mejor consejo para que la crisis se atenúe y no llegue.