El médico de atención primaria debe asegurar una ‘alianza terapéutica’ con el paciente para que acuda a la consulta y tome la medicación prescrita.

La mejoría de la depresión puede ser un arma de doble filo. Denota cuándo un paciente se está recuperando de esta grave enfermedad mental, pero también es el momento en que los afectados con ideaciones suicidas tratan de atentar contra su propia vida. Los médicos de atención primaria deben intentar descubrirlos en su consulta y orientarlos para evitar estas muertes prematuras.

La depresión afecta entre un 10% y un 15% de la población mundial, al menos una vez a lo largo de su vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto significa que el número de personas deprimidas alcanzaría los cuatro millones de personas, lo que implica que el número de psiquiatras y psicólogos es insuficiente para atender esta enfermedad mental. Por fortuna, los médicos de atención primaria están capacitados para atenderlas y tratarlas.

Más que tristeza

La mayoría de afectados por la depresión presentan un cuadro caracterizado por el desánimo, la apatía y la tristeza profunda. En ese estado apenas reúnen fuerzas para levantarse de la cama al día siguiente. Cuando mejoran, uno de los grandes riesgos de estos pacientes -sobre todo mujeres- es que les asalten esas ideas suicidas. De hecho, curiosamente, muchos cometen tentativas de suicidio durante la etapa de recuperación, puesto que mientras dura la fase de tristeza profunda no tienen capacidad para ello, ni siquiera para planificarlo.

Sin embargo, la fase de recuperación resulta especialmente peligrosa. En ese momento los pacientes han recobrado parte de sus fuerzas, que todavía son insuficientes para afrontar la vida con optimismo pero suficientes para planear el suicidio e, incluso, intentar llevarlo a la práctica, según José Ángel Arbesu, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, SEMERGEN, y uno de los directores científicos del programa ‘Psicopíldoras formativas en Salud Mental’.

Los médicos que forman parte de este programa se han formado en dieciocho casos de enfermedades mentales que, con frecuencia, pueden encontrarse en las consultas de primaria en la vida real. El suicidio y cómo orientar a las personas con ideaciones suicidas es uno de los casos sobre los que se ha ilustrado a estos médicos de atención primaria.


El médico de atención primaria

La empatía con el enfermo es fundamental para intentar averiguar qué pacientes desarrollan ideaciones suicidas. Así, en la entrevista clínica se recomienda al médico ir de menos a más en las preguntas íntimas y partir de temas generales para luego introducir preguntas más importantes. Ésta sería una de las múltiples formas para preguntarle acerca de los pensamientos suicidas de un modo indirecto.

Si el paciente depresivo mantiene buenos vínculos familiares y sociales es posible tratarlo desde la atención primaria con la medicación pertinente.

Una vez que el médico llega a la conclusión de que el paciente tiene ideaciones suicidas, debe considerar cuál es el mejor modo de abordar su atención. En los casos de mayor riesgo, puede enviarlo al hospital. Estos casos de riesgo alto se identifican gracias al conocimiento de distintos marcadores o indicadores de riesgo de suicidio: pacientes que viven solos, con pocos vínculos sociales y familiares, problemas económicos o de adicción al alcohol, entre otros.

Todo ello debe ser valorado por el médico de atención primaria. Pero, si éste descubre que el paciente tiene buenos vínculos familiares y sociales, y nunca ha hecho un intento de autolesión, es posible tratarlo en el primer nivel asistencial con la medicación pertinente. No obstante, debe asegurarse de que llega a una ‘alianza terapéutica’ con el paciente, es decir, conseguir que éste le prometa acudir a la consulta y tomar la medicación que se le prescriba.

Problemas del aislamiento

Cuando el paciente vive solo, tiene problemas con el alcohol, económicos o de otra índole y sufre de aislamiento social, lo adecuado es derivarlo a una unidad de salud mental para que le atiendan los profesionales competentes en estos casos. «Lo primero que debe hacer el médico de primaria es no prejuzgar al paciente, sino escucharlo, oír sus opiniones e intentar desactivar sus creencias negativas. Pero nunca juzgarlo moralmente», advierte Arbesu.

El médico de atención primaria prescribe medicación (antidepresivos y tranquilizantes) y psicoterapia, pero también procura conectar con su entorno familiar y social para que el paciente tenga vínculos y no se quede aislado. Esta conexión con el núcleo familiar y social se considera fundamental para que el afectado por la depresión evolucione bien.

No obstante, el médico debe hablar con sus familiares para dejarles claro que no deben forzar al enfermo a hacer cosas que no desea o para las que no tiene fuerzas. Es posible que la familia, con la mejor de sus voluntades, intente sacarlo de casa o promover actividades con él a las que no habría que obligarle, al menos durante la fase de tristeza, apatía y desesperanza propia de la depresión. Más adelante, sí que se puede intentar programar actividades que le ayuden a salir de la apatía.

Tópicos del suicidio

Cuando se habla de suicidio son varios los tópicos que de inmediato surgen en los diferentes ámbitos, muchos de ellos, falsos. El más extendido es que si se habla demasiado de suicidio, la población tienda a emularlo y se ‘contagia’, una creencia popular que es totalmente falsa, según el experto de SEMERGEN. Este especialista ha insistido en que otra creencia errónea es que el paciente depresivo profundo se suicida y el que mejora de la depresión no se suicida, cuando ocurre lo opuesto.

Aunque se tiende a decir que no se puede saber cuándo se va a suicidar un paciente y que el suicidio es imprevisible, esto no es del todo cierto. El paciente va dejando pistas elocuentes con las que se va despidiendo, como hacer el testamento. «Estos pacientes suelen acudir a las consultas y dejarnos pequeños indicios de que está pensando suicidarse, aunque los que están muy, muy deprimidos, no están capacitados para planificarlo».

Incidencia

La mayoría de los pacientes con depresión tienen ideaciones suicidas, en concreto, las estadísticas revelan que lo intentan más las mujeres, aunque lo consuman más los hombres. Atentar contra la propia existencia es un acto más común en las edades medias de la vida, aunque también se percibe un riesgo elevado en las personas mayores que viven solas, con pocos vínculos familiares (por viudedad) y sociales. En Europa, el país donde se registran más suicidios es Finlandia, cuya tasa es de 37,9 por 100.000 habitantes, según datos de 2002 difundidos por la OMS.

Las tasas más altas de suicidio corresponden a los países nórdicos, mientras que las más bajas se encuentran en los países latinos y mediterráneos. Se considera una tasa baja alrededor de 5 casos por 100.000 habitantes. En España la provincia que tiene una mayor tasa de suicidio es Lugo, donde este acto se sitúa entre 15 y 30 casos por 100.000 habitantes.