Publicado por Sonia Gil en Bebés, Familia, Pareja (24 de Julio de 2008)

Con la llegada del bebé, no descuidéis la pareja

Con la llegada del bebé, durante las primeras semanas la pareja, y especialmente la madre lactante, pasan por un periodo de adaptación. El hogar se puede convertir en pequeño caos. Y si los padres son primerizos el cuidado del pequeño se convierte en una obsesión que deja todo lo demás de lado, incluida la relación de pareja. Los padres y madres se vuelcan tanto en su recién estrenado papel, les absorbe tanto la nueva situación, que olvidan su función de amantes en la pareja. Y es esencial que en este periodo la pareja tenga su intimidad, que el vínculo amoroso sobreviva a las obligaciones parentales.

Cuando llegan los hijos es esencial que la pareja establezca esa relación de complicidad en la crianza, que entienda que los niños dependen de los dos y que su intimidad afectiva y sexual es compatible con la paternidad y maternidad, y no menos importante. El juego amoroso no puede desaparecer entre pañales y biberones.

Es esencial que la pareja mantenga vivo su atractivo erótico, y para eso hay que reivindicar la fase de galanteo, tan ausente en este periodo. Es necesario buscar ayuda para cuidar al bebé. Familiares y amigos pueden echar una mano. Antes de que el bebé tenga seis semanas, como muy tarde, los padres deberían salir a cenar, tener una cita amorosa, incluso si fuera posible pasar una noche solos, sin sentirse culpables. Se darán cuenta de que no pasa nada: el bebé sigue respirando aunque ellos no estén. Y que a la vuelta vienen renovados de entusiasmo para atenderlo mejor.

Uno de los problemas en las parejas es la rutina, el pensamiento de que como ya se ha conseguido el amor no es necesario hacer nada más. Todo esto va mermando el deseo. Dar un paseo los dos solos, ir al cine, a un concierto o salir con amigos como al principio de la relación son sólo algunas sencillas recomendaciones para recuperar poco a poco la chispa. Y sobre todo, ser conscientes del atractivo de la pareja, pensar en la pareja como objeto de deseo, ver a esa persona como si acabáramos de descubrirla, con todo el atractivo que tenía cuando conquistó nuestro amor. La diferencia entre una pareja que funciona y otra que no es que la que funciona resalta lo bueno y le quita importancia a lo malo. Procuran buscar momentos de intimidad afectiva y sexual. Y la que no, resalta todo lo negativo y no es capaz de reconocer y valorar lo positivo. Y nunca tienen tiempo para expresar su amor.

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Este artículo ha sido publicado el día 24 de Julio de 2008 a las 9:38, y ha sido archivado en la categoría Bebés, Familia, Pareja. Puedes seguir los comentarios de este artículo en la siguiente feed: RSS 2.0. Puedes dejar un comentario en este enlace.

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