
Todos los bebés lloran a lo largo del día. De hecho es la primera manifestación que realizan al llegar al mundo. Después, el llanto les servirá para comunicar sus necesidades. Sin embargo no todos los niños son iguales y algunos más inconsolables que otros pueden poner al límite la paciencia de sus padres.
Si es tu caso trata de averiguar cuál es el motivo de sus lágrimas e intenta considerar su llanto como una conversación más que como una conspiración innata trazada para acabar con tus buenas intenciones de ser el padre perfecto.
Y es que, como nos cuenta Esperanza Gómez-Olazábal, educadora infantil, “llorar es una exteriorización de nuestros sentimientos, consustancial al ser humano. Todas las personas, lloran para liberarse de las emociones que le invaden interiormente. Los niños pequeños al no saber hablar, sólo pueden expresarse a través del llanto. El recién nacido, cuando tiene sensaciones desagradables o necesidades fisiológicas como hambre, sueño, dolor, frío… llora y su madre acude a satisfacer esa necesidad o aliviar esa sensación desagradable. Poco a poco el niño va asociando esta causa-efecto, siendo consciente de las intenciones cariñosas de los adultos cuando le cogen, le acunan, le hablan y le acarician, y de este modo reacciona ante ellas”.
Según la Dra. Stoppard, autora del libro Padres Primerizos, las circunstancias del nacimiento pueden influir en los lloros del recién nacido. De este modo, tu bebé puede ser más llorón si:
Los estudios al respecto demuestran que un bebé se desarrolla mejor si se le atiende con prontitud cada vez que llora. En contra de los dichos populares un niño no es “bueno” si no llora y “malo” si lo hace. El sollozo de tu bebé nada tiene que ver con su comportamiento. Necesita comunicarse contigo, pero su repertorio es limitado; el llanto será por tanto su única vía para transmitir sus sentimientos. No le ignores porque estará tratando de decirte algo. “El lloro de los primeros días desconcierta mucho a los padres, indica Esperanza, pues no saben por qué lo hace. Pero pronto comprenderán su significado ya que el pequeño utilizará el llanto para un determinado fin, variando el tono de voz. Después aprenderá otros mecanismos para comunicarse, como gritos, sonidos y gestos. Mi consejo es que siempre que el niño llore, se debe de acudir, porque muchas veces con la simple cercanía del adulto basta para tranquilizarse”.
No atender su llanto puede ser interpretado por el bebé como una señal de rechazo. Si no le respondes, llorará más tiempo y no cesará hasta que reciba la atención que precisa, estableciendo un patrón de llanto frecuente. Quiere satisfacer inmediatamente sus necesidades y no entiende por qué no ocurre así. Pero si le haces esperar con afecto, la experiencia le va enseñando mecanismos para autocomplacerse, como cambiarse de posición, coger el chupete o distraerse solo con sus manitas y piernas o con sonidos producidos por él mismo. A la vez, va aprendiendo que pronto llegará el biberón, viendo los preparativos que su madre realiza.
Colócale en un portabebés: Le encantará estar en contacto contigo y el movimiento al andar.
Ponle en posición erguida: Apóyale contra tu hombro (cúbrete con un paño por si regurgita leche) y frótale la espalda mientras caminas y le cantas o le hablas suavemente.
Ponle el chupete: Su nombre en inglés, pacifier (pacificador), ya indica su misión. Anímale a usarlo mejor que el pulgar. Ya que el chupete, con el tiempo, podrá ser retirado y el dedo obviamente no. Aunque el chupete será siempre un alivio temporal. Debes averiguar la causa de su desconsuelo y usar el chupete como último recurso.
Mécele: Casi todos los bebés se calman con un movimiento rítmico. Era lo habitual en la tripa de mamá. Mécele suavemente en la cuna o en un cochecito.
Túmbale sobre tu pecho: Recuéstate sobre la cama o un sofá apoyándote sobre unos almohadones y pon a tu bebé sobre tu pecho bocabajo. Frótale la espalda para relajarle, pero no te duermas, ya que aumenta el riesgo de muerte súbita.

Seguramente antes de cumplir su primer año ya tendrá un juguete o un objeto preferido del que no suele separarse y al que recurre en los momentos “críticos”. Estos objetos suelen ser un peluche, un chupete, una mantita, etc. y le ayudarán a dormirse, consolarse, o simplemente sentirse seguro en determinadas situaciones. No hay motivo para preocuparse si depende de él, ni razón para retirárselo escudándose en que le puede crear “malos hábitos”. Con el tiempo se irá haciendo más independiente y terminará por olvidarlo.
Cuando el bebé crece y toma conciencia de su entorno, su patrón de llanto cambiará, porque aprenderá más medios para comunicarse. Ahora sus lloros también serán más fáciles de interpretar.
“Un paso fundamental en la comunicación del niño es la adquisición del lenguaje, explica Esperanza. Cuando esto sucede el llanto pasa a ocupar la expresión de sentimientos afectivos más que las necesidades fisiológicas. Utilizándolo para mostrar rabia, pena, dolor o conseguir lo que desean”
La experta en educación y directora de la Escuela Infantil Jauja, nos muestra cómo proceder en cada circunstancia:
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