
Pésate todas las mañanas a la misma hora, y al menor indicio de que estás engordando, actúa. Es más fácil perder dos kilos controlando un poco la alimentación que volver al punto de salida.
Si te pasas en la comida, compensa en la cena reduciendo calorías.
Lo mínimo es que andes una hora al día. Si además te puedes permitir apuntarte a un gimnasio, mucho mejor: podrás permitirte más caprichos culinarios.
deben convertirse en las estrellas absolutas de tu mesa. Tu línea y tu salud te lo agradecerán.
Sólo con prescindir de la sal, podrás mantener el peso. Además de dar sabor, sólo sirve para hacerte retener líquidos y entorpecer la circulación, sustitúyela por especias.
No se te ocurra saltar de talla; si los vaqueros comienzan a apretarte, cuídate, pero no caigas en la tentación de pasar a una talla más.
Sigue los preceptos del zen a la hora de sentarte a la mesa. A saber: masticar lentamente, a razón de 40 veces por bocado y haciendo largas pausas entre bocado y bocado.
Mantén unos horarios estrictos con las comidas, es fundamental para regular el organismo.
Sírvete la comida en platos de postre, de esa manera reducirás el aporte calórico sin ser consciente de que estás comiendo poco y te saciarás sin problemas
Si eres consumidora de tés o tisanas, procura que éstas tengan alguna acción adicional que beneficie al organismo. Cola de caballo drenante, té verde quemagrasas…
Elimina toxinas y depúrate bebiendo dos litros de agua solos o con algún preparado dietético en polvo.
Olvídate del postre en las comidas de compromiso o las cenas sociales.
Prescinde de por vida de las bebidas gaseosas, que no te benefician en nada.
Siempre que haya una versión light, sin grasa o dietética de algún alimento, opta por ella. El sabor es prácticamente el mismo y, sin darte cuenta, te estarás ahorrando un montón de calorías innecesarias.
Salvo en ocasiones especiales, intenta convivir sin pasteles y bollería. Sustitúyela por un poco de chocolate negro, miel o requesón aderezado con azúcar.
Relájate, los nervios templados te mantendrán alejada de la nevera y de los peligrosos picoteos a deshora.
Antes de “atacar” algún alimento por impulso, intenta calcular sus calorías y piensa si realmente te apetece.
Es el cinco, el número de comidas que debes realizar al día para que tu metabolismo no se ralentice.
Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo. Esta frase forma parte de la sabiduría popular y tiene toda la razón.
Recuerda cómo estabas antes de comenzar la dieta y valora cómo estás ahora.
Vamos a hablar de nuestras cosas...moda, belleza, hijos, embarazo, dietas...y todo lo que puede interesar a la mujer actual.
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