
Poder observar, día a día, la evolución de un bebé es un placer que no tiene igual. Nuestro equipo ha preparado una sección que va a permitirte entender mejor el desarrollo motriz, mental y afectivo por el que un bebé tiene que pasar. La información que encontrarás en esta sección te permitirá ayudarle en su aventura para adaptarse exitosamente a su nuevo entorno.
Aunque en estas primeras semanas tu bebé es extremadamente frágil, ya está comenzando a establecer importantes pautas, como la regulación de la temperatura, su movimiento y sus necesidades de sueño y de comunicación. Posee un repertorio innato de conductas reflejas que le ayudan a sobrevivir y a adaptarse a su nuevo entorno. Un ejemplo de estos reflejos es que le verás poner su dedo en su boca para chuparlo. Esto le ayuda a relajarse y a reducir su nivel de actividad. Cuando su capacidad motriz esté completamente bajo control, tu niño estará listo para explorar y comunicarse con el entorno. Muy pronto verás a tu bebé mirando hacia todos los lados, alerta a la luz y la oscuridad, incluso apercibiéndose de ti.
No te sorprendas por la cantidad de tiempo que tu bebé pasa durmiendo. Los recién nacidos necesitan dormir mucho. Por lo general entre 16 y 18 horas cada día, distribuidas en sueños de 2 a 4 horas, tras los que se despierta hambriento. Te sorprenderá comprobar la cantidad de ruido con la que tu bebé puede dormir, pero es que tienen una gran capacidad para seleccionar e ignorar ruidos. Al principio tiene el sueño invertido, siguiendo con las costumbres de su vida intrauterina. Duerme durante el día mecido por tus movimientos y se despierta durante la noche. Para corregirlo, dedícale simplemente más tiempo a las tomas diurnas y realiza las nocturnas a oscuras y en silencio. Comprenderá rápidamente que la noche es para dormir.
Dormir le ayuda a mantener regulada su temperatura y a conservar sus energías. Ten en cuenta que durante el sueño el cuerpo segrega la hormona del crecimiento.
Los primeros días, el bebé puede dormir en una cesta junto a tu cama y no necesariamente en su cuna. De esa forma, te resultará más fácil alimentarlo por la noche. Muchas personas prefieren tener sus bebés en sus propias camas. Esto no le hace ningún daño, sino todo lo contrario. Existen evidencias que prueban que es bueno para su ritmo cardíaco y su pauta de sueño.
En numerosas ocasiones, por ejemplo cuando le estés dando de comer, comprobarás que tu bebé parece mirarte a la cara con atención. Y si le hablas con ternura, notarás que sus ojos se vuelven más brillantes y atentos. Y es que, aunque la visión del bebé tiene un alcance limitado, está aprendiendo a reconocer el ritmo y la cadencia de la voz de su madre. Es más, los bebés pueden reconocer, dada su experiencia prenatal, la voz del padre y la madre, especialmente la de la madre.
Cuando escuches el llanto de tu bebé, presta atención a su intensidad, a si es lento o rápido y a su duración. Puedes averiguar fácilmente si llora por qué está hambriento o si lo hace porque le duele algo o, incluso, si está pidiendo que lo cambies.
Si sospechas que ni está hambriento ni le duele nada, dale una oportunidad para que se restablezca solo. Los bebés se calman muchas veces sin nuestra intervención, llevándose simplemente la mano a la boca. Recuerda colocar a tu bebé con las manos fuera de la manta, para que le sea fácil el acceso. Si está muy alterado y ves que no se tranquiliza, acércate a él. No es necesario que lo cojas y lo acunes inmediatamente. Intenta tranquilizarle con tu cara y tu voz, o simplemente tu voz. Pon tu voz al nivel y al ritmo de su llanto. Si eso no funciona, presiónale suavemente con tu mano y comprueba si eso le tranquiliza. Si continúa llorando, por supuesto, cógelo. Puedes acunarlo para ayudarle a calmarse y, si está muy alterado, déjale tu dedo o un chupete para que lo chupe.
Conforme va creciendo y su mundo se va expandiendo, las causas de su llanto van cambiando y volviéndose más complejas. Algunas veces, después de un ataque largo de llanto, tu bebé permanecerá alerta durante un largo periodo de tiempo. El lloro es su modo de supervivencia, adaptación y comunicación con sus padres y con su entorno.
A esta edad el bebé es incapaz de controlar sus movimientos. Por esa razón la naturaleza le dota de unos reflejos que le van a ayudar a sobrevivir.
El reflejo de succión es el más intenso, junto al de búsqueda, que le permite agarrarse al pecho de su madre y alimentarse.
Otro reflejo es el de presión palmar. Si le pones algo en la mano (tu dedo, por ejemplo), lo agarra con fuerza. Es probable que tengas que recurrir a separarle los dedos para soltarte. Se pierde a los 2 meses.
El reflejo del abrazo se produce cuando se sobresalta por algo. Es un intento de protegerse que le impulsa a echar los brazos hacia atrás y a cerrarlos, como si quisiera abrazar. Se pierde a los 2-3 meses.
Y también es importante el reflejo de marcha. Si se pone al bebé de pie, en cuanto toque la superficie, empezará a colocar un pie delante de otro, como si caminara. Se pierde a los pocos días de nacer.
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