
Una bebida rica en polifenoles de acción antioxidante, cuya proporción varía en función del tipo de té que se utilice y de su proceso de fermentación.
El origen del té se conoce con bastante exactitud. Según los historiadores, China es la cuna del té aunque India le sigue de cerca, siendo uno de los principales exportadores de esta valiosa mercancía, y Sri Lanka es una isla muy conocida por la calidad de su té. En Oriente, sobre todo en China y Japón, se consume el llamado té verde, sin fermentar, mientras que en Europa, se utiliza mayoritariamente el té negro, una vez fermentado. Entre ambas categorías se sitúa el té semifermentado, también conocido como té Oolong.
El árbol del té es un árbol de hoja perenne que puede alcanzar hasta 10 a 15 metros de altura en estado salvaje. Sin embargo, con el fin de facilitar la cosecha de sus hojas por las recolectoras (siendo las más altas las mejores), se talla a 1,10 metros del suelo. Esta operación se suele realizar cada tres años. El árbol del té crece generalmente en regiones tropicales o subtropicales. Las condiciones ideales de cultivo son un clima húmedo, una irradiación solar de un mínimo de cinco horas diarias, una humedad del aire entre 70 y 90%, lluvias abundantes y regulares durante todo el año. Si las condiciones de cultivo son óptimas, no es sorprendente encontrar árboles de té en altitudes de hasta 2500 metros.

A los cuatro tipos principales de té (blanco, verde, Oolong, y negro) hay que sumar las múltiples variedades existentes dentro de cada categoría:

Con el método tradicional se obtienen partículas más gruesas. Con el método CTC (triturar, cortar, enrollar) las hojas quedan más desmenuzadas, lo que resulta ideal para las bolsitas de té por ser la infusión más rápida y fuerte. El té negro es el más aromático, debido a que con la fermentación se originan, a partir de los polifenoles, numerosos compuestos principalmente de tipo aromático. Dado el elevado consumo de té negro en el mundo, se han hecho numerosas investigaciones con el fin de conocer a fondo sus bondades para la salud. Se han sugerido efectos saludables sobre el sistema cardiovascular, los huesos o los dientes, aunque muchos de ellos son sólo hipótesis o suposiciones, de las que queda mucho por estudiar.
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