
La leche materna se puede refrigerar e incluso congelar. La leche materna se puede conservar en frío, teniendo en cuenta ciertos cuidados para evitar que se produzcan pérdidas nutritivas.
Se recomienda que la leche se conserve en un recipiente de plástico con tapa de rosca, previamente lavado con jabón y agua bien caliente.
No se recomiendan los envases de vidrio, ya que en ellos se adhieren los factores inmunológicos o inmunoglobulinas que contiene la leche materna y que deben ser transmitidos al bebé, para fortalecer su sistema de defensas aún inmaduro.
Así mismo, conviene usar un recipiente distinto y limpio cada vez que se extraiga leche para su conservación.
Inmediatamente después de extraerse la leche, se debe cerrar y marcar con una etiqueta fechada el recipiente, y colocarlo en la parte más fría del refrigerador.
Se debe mantener la leche refrigerada por un tiempo no mayor de 48 horas.
Para utilizar esta leche, se ha de calentar al baño maría durante unos minutos y agitar bien antes de probar la temperatura.

Inmediatamente después de extraerse la leche, se debe cerrar y marcar con una etiqueta fechada el recipiente, y colocarlo en el congelador.
La leche materna congelada puede durar tres meses o incluso hasta 6 o más, si se trata de un congelador que mantiene una temperatura constante de -19º C.
Para descongelarla, se debe retirar del congelador y dejarla en la parte menos fría de la nevera hasta que se descongele completamente.
Una vez esté descongelada:
Nunca se debe dejar que la leche hierva ni usar el microondas para calentarla, ya que de ser así, se pierden muchas de sus propiedades (vitaminas sensibles al calor, etc.).
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