
No siempre resulta fácil la distinción ya que la mayoría de los niños son inquietos y cierto grado de hiperactividad se considera normal cuando se produce alrededor de los dos o tres años. También hay que tener en cuenta que ser inquieto no significa padecer TDAH. El trastorno suele diagnosticarse en los primeros años de la enseñanza primaria, aunque algunos síntomas están ya presentes antes. A menudo han sido inquietos desde que eran bebés e, incluso, hay madres que los recuerdan como muy movidos durante el embarazo.
Los niños con TDAH tienen grandes dificultades para controlarse. A menudo parecen estar “en otro mundo” y no responden cuando se reclama su atención (a diferencia de los niños que “se portan mal”, que suelen estar pendientes de las reacciones de los adultos). Si un niño presenta estos problemas en un determinado entorno -por ejemplo, sólo en casa o en el colegio-, probablemente no padece un TDAH. A pesar de que los síntomas se agravan en ciertas situaciones, como lugares ruidosos o con mucha gente, están presentes, en mayor o menor medida, en casi todas las situaciones de la vida del niño.
El Trastorno de Desatención e Hiperactividad todavía es poco conocido por lo que en muchos casos se diagnostica tardíamente con el consiguiente impacto negativo, tanto para el niño como para la familia. En este trastorno pueden predominar síntomas de desatención, de hiperactividad o bien de ambos: tiene predominio de hiperactividad cuando se detectan seis o más ítems de ésta y menos de seis de inatención; por el contrario, prima la inatención cuando se detectan seis o más síntomas de inatención y menos de seis de hiperactividad. Cuando se detectan seis o más ítems de ambos se considera un trastorno combinado.

Síntomas de hiperactividad:
Síntomas de desatención:
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