
Los pediatras y los padres usan el término cólico para describir a un bebé que llora excesivamente, o está irritable. La definición más comúnmente aceptada de cólico, fue originado en 1954 y lo describe utilizando la “regla de los tres”: llorar durante más de tres horas al día, durante más de tres días a la semana y durante más de tres semanas en un bebé que está bien alimentado y goza de buena salud.
Esta definición ha sido utilizada repetidamente en estudios clínicos del cólico. Las muestras motoras de los bebés con cólicos fueron también descritas en 1954. Dichos bebés tienen ataques de llantos por la noche con movimientos asociados tales como enrojecimiento de la cara, fruncimiento del ceño y puños apretados. Las piernas están encogidas hacia el abdomen y los bebés emiten chillidos altos y desconsolados.
Los niños con cólicos crecen normales, iguales que los que no los han sufrido. Estudios médicos han mostrado que cuando alcanzan la edad de 1 año, los niños que han experimentado cólicos no muestran diferencias con respecto al resto. Antes se creía que los niños con cólicos eran más propensos a desarrollar asma o alergia pero hoy en día se sabe que no es así. Para los padres, primerizos especialmente, puede resultar una experiencia muy desagradable y estresante al no saber cómo actuar. Los padres además pueden albergar cierto sentimiento de culpa a pesar de no ser responsables del cólico de su hijo. Sin embargo, no hay que olvidar que el niño está sano y que con toda probabilidad superará esta fase de los cólicos en unos meses. El cólico no afecta al desarrollo del niño.
Existen varias teorías sobre las causas que los provocan en los recién nacidos:
Sin embargo, el cólico puede no ser la única causa del malestar del niño. Si un niño llora con mucha frecuencia y no se le puede consolar, se puede pensar que existen otras razones más serias para su malestar, por lo que siempre se debe consultar al médico antes de sacar la conclusión de que el bebé padece un cólico. Otras enfermedades, como el vólvulo (cuando se retuerce un tramo de intestino), la torsión de un testículo, o cualquier otro dolor también puede provocar el llanto incontrolado del bebé.
En caso de duda, debe siempre consultar a su pediatra.
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